la mujeres buenas van al cielo y las mujeres malas van a todo lado.



POEMA DE PEDRO PABLO VERGARA MEERSOHN

Vivo en un bolsillo roto
con una rosa llena de espinas. 
Uso dos pares de calcetines 

que caen como torre en ruina.

Silbo caminando sin destino
y mi zapato izquierdo tiene una herida.
He cambiado de casa tantas veces,
que cada dirección se asemeja a la mía.

Pero mi jardín es uno sólo,
es el lecho, donde una vez dormías.
Lo tengo desarmando en un garaje
y el colchón me recuerda tu sonrisa.

Voy siempre pegado a la misma camisa,
recorriendo calles de abajo a arriba.
Buscado entre los rostros de la gente,
la cara de aquella, que una vez me quería.

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